InterabundiaLa Red de Abundancia y Consciencia

Una visión que una a la humanidad frente a sus mayores retos, y un horizonte donde las personas puedan prosperar y desarrollar su potencial

Interdependencia para unirnos Abundancia para construir lo que falta Consciencia para sentirnos

El manifiesto

Nosotros, los interabundantes, creemos firmemente que toda vida humana, de otras especies y aún por nacer, forma una sola red viva. Renunciamos a las narrativas de escasez que fragmentan, porque vemos que las semillas de la plenitud ya laten en cada vínculo.

Creemos que la riqueza auténtica se amplifica cuando cada nudo de la red nutre a los demás. Elegimos la generosidad valiente frente al miedo y la imaginación frente al cinismo. Cultivamos sistemas que no solo evitan el daño, sino que regeneran lo vivo y lo posible.

Por eso declaramos que:

  1. La Interdependencia es la ley de la existencia: cualquier progreso que empobrece al conjunto es retroceso.
  2. La Abundancia se construye: soñamos que la humanidad viva en un mundo de post-escasez y con vidas llenas de sentido.
  3. La Consciencia es el primer recurso inagotable y la brújula que orienta nuestras decisiones.
  4. Interdependencia, Abundancia y Consciencia se sostienen mutuamente: nos unen, nos impulsan y nos orientan hacia nuestros sueños, guiados por una ética expansiva.
  5. El futuro se diseña aquí y ahora: cada acción, cada saber, cada tecnología que regenera lo vivo convierte la visión en realidad tangible.

Invitamos a todas las personas, comunidades, empresas y naciones a unir manos, saberes y sueños para tejer Interabundia: la Red de Abundancia y Consciencia, donde la humanidad se une, prospera y se trasciende.

Los retos

Los seis Eclipses

En la antigüedad, un eclipse era un mal presagio: el sol devorado por un monstruo, un dios enfurecido; la luz desaparecía y el mundo entero contenía la respiración. Se ha tomado ese término para nombrar los grandes «villanos» de la humanidad: fenómenos en los que nuestras sombras colectivas tapan casi por completo la luz de lo que podemos llegar a ser.

Declive Demográfico

Inteligencia Artificial

Cambio Climático

Guerra Nuclear

Biotecnología Hostil

Eventos de Extinción Planetaria

No son los únicos retos de la humanidad. La pobreza extrema, la vivienda inaccesible, la educación deficiente, la desigualdad de género o la sanidad frágil también son desafíos que Interabundia aborda. Y no están separados: cada punto de pobreza que baja, cada año más de escolarización, cada sistema de salud robusto reduce también el riesgo de que un Eclipse nos alcance.

Pero los seis Eclipses son los más complejos, y los que pueden llevarnos a la extinción de la especie. Ninguna persona, empresa o país puede afrontarlos en solitario.

La propuesta

Los tres Pilares

Interabundia propone tres Pilares complementarios: Interdependencia, un relato que une a la humanidad; Abundancia, prosperar de forma ambiciosa y soñadora; y Consciencia como brújula subjetiva y colectiva.

Son una arquitectura funcional: la Interdependencia es la red, el tejido que convierte la energía individual en energía colectiva; la Abundancia es la corriente, el motor que da capacidad para construir lo que falta; la Consciencia es la brújula, lo que orienta éticamente todo lo demás. Cada Pilar, por sí solo, ya mejora las cosas. Juntos forman el símbolo completo de Interabundia.

La Interdependencia, para cooperar y unir a la humanidad; la Abundancia, para soñar y construir lo que falta; y la Consciencia, para sentirnos, orientarnos y despertar todo nuestro potencial interior.

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Interdependencia

Cooperación flexible a gran escala y la historia que decidimos inventar y creer juntos; en nuestro caso, Interabundia.

La Interdependencia es la arquitectura fundamental de la existencia. Ningún ser vivo, comunidad o nación prospera en aislamiento: la respiración humana nace del oxígeno de los bosques, y la fotosíntesis depende del CO₂ que exhalamos. De la misma manera, los avances de la humanidad son logros colectivos, imposibles sin la contribución de millones de personas.

En la era de los desafíos planetarios —la disrupción tecnológica, el colapso ecológico, el riesgo nuclear— la cooperación es la mejor defensa. Y sin embargo, la desconfianza entre naciones, empresas y personas está en máximos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Es exactamente lo contrario de lo que el momento exige.

No podemos permitirnos desconfiar tanto justo cuando aparecen retos que ningún país ni ninguna persona puede abordar en solitario. Solo con la humanidad unida tendremos una oportunidad real ante desafíos cada vez más complejos e interconectados.

Abundancia

Abundancia no es «más por el mero hecho de más»: es más de lo que verdaderamente importa, con menos impacto negativo.

La Abundancia abraza la incertidumbre, permite diseñar sociedades que producen más de lo que consumen y afrontan sin miedo lo que aún desconocen.

En lo personal, es un estado de confianza expansiva, con visiones soñadoras que miran a las estrellas y vidas laborales con sentido. Y en lo colectivo, una agenda política de producción regenerativa capaz de multiplicar oportunidades que alineen los incentivos para que lo posible supere de forma sistemática lo necesario y se reparta con justicia, hasta que el coste de lo que de verdad importa sea casi cero.

Abundancia como visión y ambición soñadora para que la humanidad viva en un mundo de post-escasez. Cuando ese relato se consolide, la discusión política pasará de pelear por cómo repartir un pastel limitado, obsesionada con el proceso burocrático, a centrarse en cómo generar resultados verdaderamente abundantes para solventar los retos de la humanidad, y sobre todo, tener vidas sin escasez y llenas de sentido.

Consciencia

La consciencia es la capacidad de sufrir —y, desde ahí, la capacidad de transformarla para ser más felices.

La ciencia todavía no tiene una teoría que explique la consciencia, y esa ignorancia nos obliga a ser humildes. De ahí nace el principio de precaución empática: si existe una duda razonable de que algo pueda sentir, actuamos como si pudiera hacerlo.

Es una definición deliberadamente sencilla, porque de ella se deriva la única pregunta que cualquier decisión debería responder: ¿esto reduce el sufrimiento, o lo amplifica? Una sola pregunta que reencuadra cualquier debate político, empresarial o científico desde su raíz.

El sufrimiento no es el dolor. El dolor es inevitable: una sensación que el cuerpo registra. El sufrimiento se añade cuando la mente discute con esa sensación y con el presente que la trae. Es el rechazo de la realidad. Aceptarla, incluso cuando es difícil, abre la puerta a disminuirlo.

Ni las rocas ni los ríos ni los satélites rechazan la realidad que registran. Solo lo hacen las entidades conscientes. Y si entendemos la subjetividad del otro, deberíamos estar dispuestos a minimizar su sufrimiento: en personas, animales e inteligencias inorgánicas.

Lo que llevas dentro

Singularidades

Las Singularidades son habilidades extraordinarias y valores profundos que todos llevamos dentro. No son superpoderes, sino cualidades que, al descubrirse y desarrollarse, revelan el potencial humano. Cuando una persona logra despertarlas, se convierte en su propio héroe.

«De pequeña me sentía como el superhéroe Deku: sin superpoderes, pero con libretas llenas de apuntes y una actitud positiva y trabajadora. Creía que mi único poder era seguir ilusionada y no rendirme; aun así, hubo años en que me sentí perdida y pesimista. Por suerte, con los años fueron llegando —poco a poco— la activación de mis Singularidades: no superpoderes de ficción, sino destrezas morales, cognitivas y afectivas que también se entrenan.» Aiko, en Interabundia: Un nuevo mundo

Las reconocerás porque ya las has visto en acción.

  • En quien encuentra la palabra exacta cuando alguien se derrumba.
  • En quien pregunta «¿por qué?» y «¿con qué propósito?».
  • En quien vuelve a intentarlo después de la quinta negativa.
  • En quien entra en una sala sin conocer a nadie y sale con tres amigos.
  • En quien reconoce que se equivocó sin que nadie se lo exija.

No hace falta adquirirlas: ya están dentro. Pero están dormidas. Y lo que las despierta es la consciencia. En Interabundia llamamos Yo Interior al lugar donde esa consciencia se vuelve tangible: un espacio de pura presencia, sin ruido, donde uno puede observarse de verdad. De ahí nacen las Singularidades. Y desde ahí se entrenan, se desarrollan y maduran —como se entrena un músculo o un idioma.

Sin negar la unicidad de cada persona, Interabundia propone diez Singularidades que funcionan como un lenguaje compartido para crecer y cooperar en red.

¿Quieres descubrir las diez? Están en la novela →

El punto de entrada

Portada de Interabundia: Un nuevo mundo, de Joan Alexander Olivella

Interabundia: Un nuevo mundo

Una novela sobre cómo la humanidad se une para resolver sus mayores desafíos y cómo esa transformación empieza en uno mismo.

En 2041, la civilización está sumida en el caos. La desconfianza global se extiende y las amenazas para la supervivencia de la especie ya no parecen lejanas. En medio de esta fragmentación, Aiko, una joven marcada por el pesimismo y la falta de propósito, emprende un viaje transformador que la llevará, contra todo pronóstico, a convertirse en la voz más luminosa del planeta.

Impulsada por los recuerdos de su padre, la enfermedad de su madre y los héroes japoneses, Aiko empieza a activar las Singularidades: habilidades humanas capaces de transformar la vida y encender la esperanza. Lo que comienza como una búsqueda personal pronto se convierte en una misión cuando se ve arrastrada al epicentro de la carrera por salvar al mundo.

Entre un amor inesperado, alianzas improbables y adversarios implacables, Aiko intentará construir una visión compartida para volver a unir a la humanidad y evitar su colapso, creando Interabundia: un nuevo horizonte de abundancia y consciencia donde las personas puedan prosperar y desarrollar todo su potencial.

Interabundia es una historia para inspirar, soñar con un futuro mejor y creer que el próximo héroe podrías ser tú.

Interabundia es más que una novela. Es una visión de lo que podemos llegar a ser: cada uno de nosotros, y la humanidad en su conjunto.

Consíguela aquí →

El horizonte

La visión: el País de las Maravillas

Imagina un mundo en el que la humanidad no solo ha sobrevivido a sus grandes retos, sino que ha aprendido a florecer junta. Donde la Interdependencia ya no es una elección: es casi una ley física.

Sobre ese suelo de confianza compartida, la Abundancia ha hecho lo que parecía imposible. La energía es prácticamente ilimitada —fusión nuclear, renovables— y la IA y la computación cuántica han multiplicado lo que podemos hacer con ella. Eso, sumado a una agenda de innovación ambiciosa, a políticas de oferta con visión de largo plazo y a un tejido de empresas con propósito, ha derrumbado el coste de casi todo lo que importa: la vivienda, la sanidad, la educación, los alimentos son tan accesibles que la escasez ha dejado de existir. La pobreza extrema ha quedado erradicada.

La productividad extraordinaria de una superinteligencia artificial diseñada con instintos maternales financia un ingreso básico universal. Una economía anclada a la abundancia real que creamos, no a la escasez que acumulamos. La desigualdad no ha desaparecido, pero ha dejado de determinar quién puede vivir con dignidad.

Porque la abundancia plena habrá liberado lo que más falta nos hace: tiempo y libertad para dedicarlos a quienes queremos y a perseguir nuestros sueños más ambiciosos con propósito. Y la humanidad habrá dejado de ser una especie de un solo planeta: no para escapar de la Tierra, sino para cuidarla mejor y llevar la consciencia más lejos.

Y habremos entendido algo sobre el sufrimiento. El sufrimiento es el rechazo de la realidad tal como es. El dolor ocurre —es parte de estar vivo—, pero el sufrimiento se añade: nace cuando el mundo de nuestras historias se niega a aceptar lo que de verdad está pasando. Esa forma de sufrimiento, la más universal y la más profunda, es al menos en parte entrenable. Quizá, en su forma más innecesaria, evitable.

La visión más audaz de Interabundia es ética: que algún día la humanidad sepa distinguir con claridad qué es real y qué es una historia que se ha contado a sí misma. Que cada persona aprenda a aceptar la realidad tal como es —no como resignación, sino como punto de partida para actuar sin la fricción del sufrimiento innecesario. El desarrollo de la consciencia habrá sido el primer paso para transformar el sufrimiento en vidas más felices y despertar el potencial de cada persona.

Más allá, en un horizonte lejano y difícil pero plausible, quizá podamos explorar si la consciencia subjetiva se conecta con algo más grande. Si existe una consciencia colectiva real que emerge cuando millones de mentes cooperan, crean y cuidan juntas. Y si esa consciencia, subjetiva y colectiva, puede viajar más allá de la Tierra y florecer en el universo.

Siempre habrá problemas: el «villano» que siempre vuelve son nuestras propias historias. Las necesitamos —son lo que nos permite coordinarnos entre millones, más allá de las fronteras—, pero también son nuestro mayor riesgo: cuando una historia deja de reconocerse como historia, deja de poder corregirse, y entonces nos devora.

Al menos la humanidad habrá aprendido a distinguirlo, a contar sus relatos como lo que son: ficciones útiles que nos permiten construir juntos y afrontar los retos que vengan, no verdades absolutas que nadie puede cuestionar.

El País de las Maravillas está a nuestro alcance. Dentro de cada héroe humano hay poderes reales que nos hacen mejores y más felices: las Singularidades no son ficción, son capacidades cultivables. Lo difícil no es creer en ellas: es creer que, juntos, podemos llegar tan lejos. Pero, al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta creer en una historia épica sobre el futuro de la humanidad?

Soñemos en Interabundia: otro mundo mejor es posible. Está a nuestro alcance si mantenemos los tres Pilares juntos: la Interdependencia, para cooperar y unir a la humanidad; la Abundancia, para soñar y construir lo que falta; y la Consciencia, para sentirnos, orientarnos y despertar todo nuestro potencial interior.

Ahora, todos a escena.

El País de las Maravillas no es un lugar al que se llega: es el camino que andamos juntos.

Quién impulsa Interabundia

Joan Alexander Olivella

Interabundia es el resultado de veinte años abordando la misma pregunta: cómo construimos un mundo mejor. Primero desde la imaginación, el anime y los superhéroes. Después desde la diplomacia, la empresa con propósito, la universidad y la divulgación.

Joan Alexander Olivella (Barcelona, 1998) es conferenciante y profesor de sostenibilidad y propósito corporativo en ESADE Business School. Fundó Optimistikus, un canal dedicado a divulgar los retos globales con optimismo.

En Interabundia ofrece una perspectiva transformadora y visionaria sobre los grandes desafíos de la humanidad y sobre cómo cada uno de nosotros puede contribuir a vivir mejor.

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